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Ilustración de Marvin Olivares |
Nació un 4 de agosto de 1822 en Ciudad de
Guatemala. Considerado uno de los mejores escritores del siglo XIX y fundador de la novela en la literatura; en
especial, destacó en la narrativa histórica.
Conocido también como Pepe Milla. Firmó algunos de sus
libros con el anagrama Salomé Jil. Nació en una familia bien establecida,
probablemente propietaria desde la época colonial de heredades en el actual
departamento de Jutiapa. Durante su juventud, vio los múltiples conflictos que
la recién independiente Guatemala debería afrontar por las pugnas entre
liberales y conservadores; no ejerciendo protagonismo político, no obstante,
propugnó cierta afinidad al partido conservador, de tendencia absolutista y
negado a reformas, probablemente por la clase social de la que provenía y por
su ascendencia española sin mestizaje, símbolo de poder en una sociedad de
castas altamente excluyente.
Inició sus primeros estudios en el Colegio
Seminario, y luego en la Escuela de Derecho de la Universidad de San Carlos
Borromeo. Dejó las ciencias jurídicas para seguir su inminente vocación, la
literatura, en la que habría de ser prolífico autor de muchos libros. Desempeñó
varios cargos en el gobierno conservador del dictador vitalicio Rafael Carrera
(con quien primeramente discrepó); entre ellos, secretario de la Hermandad de
Caridad del Hospital General de Guatemala, oficial de la Secretaría de
Relaciones Exteriores y subsecretario general. Fue también un destacado
periodista y colaboró en medios como La Gaceta Oficial y La Semana. Casado con
una pariente, descendencia suya se uniría a la hija del primer gobernante de
las dictaduras liberales, Miguel García Granados, conformando así una típica
familia en la línea de la endogamía colonial del país.
A él se debió, en gran medida, la reconsideración
de la obra del poeta José Batres Montúfar, de recuerdo relegado aun en el
entorno nacional del momento. Al caer el gobierno conservador, en el año 1871,
viajó por Europa y Estados Unidos, visto con desconfianza por el nuevo régimen
liberal. En París, Milla fue redactor de "El Correo de Ultramar". Por
entonces, escribió Un viaje al otro mundo pasando por otras partes en el que
aparece uno de sus más conocidos personajes, Juan Chapín, representación del
guatemalteco medio.
Milla destacó siempre en los escritos de ámbito
costumbrista, como Memorias de un abogado, tal vez una de las novelas mejor
logradas. En el periódico La Semana, del que fue director, publicó sus Cuadros
de costumbres. Otras novelas históricas, La hija del Adelantado
(1866), Los Nazarenos (1867), El Visitador (1867) y El
libro sin nombre. Con esos textos, se le elogiaría como uno de los
principales escritores de novelas históricas del siglo XIX en Hispanoamérica,
cuando el género por las influencias románticas, gozó de gran popularidad entre
el público decimonónico.
En la mayoría de sus escritos retrató la Colonia y
la idiosincrasia de entonces. Asimismo, en sus obras costumbristas mostró una
puntual descripción de la sociedad de su tiempo. Autor también de la leyenda en
verso Don Bonifacio (1862) y de Una Historia de la América Central, desde su
descubrimiento hasta su independencia (1879), escrita a sueldo por
petición del caudillo liberal Justo Rufino Barrios.
Socio correspondiente de la Real Academia Española;
delegado en Guatemala del Congreso de Americanistas de Bruselas; miembro
honorario de la Sociedad Literaria Internacional de París; miembro
correspondiente de la Academia de Letras de Santiago de Chile; Asistente del
Ateneo de León, Nicaragua, miembro de la Sociedad Económica de Amantes del País
y de El Porvenir, cuando regresó luego de 3 años de ausencia. Falleció el 30 de
septiembre de 1882, constituyéndose sus funerales en un masivo reconocimiento a
sus méritos literarios.
Se ha vinculado a José Milla y Vidaurre con el
municipio de Quesada, departamento de Jutiapa, Guatemala, porque vivió allí
durante 8 años, lugar que le encantó cuando lo visitó por primera vez entre los
años 1849 y 1850, en compañía de Rafael Carrera, siendo propietario de una
hacienda en esa jurisdicción. "A
mediados de la década de 1870, Don José Milla y Vidaurre, figura como
propietario de la Hacienda, a la cual, regresó después de casi tres años de
auto exilio, por diferentes países de Europa, en compañía imaginaria de Juan
Chapín, a quien instruía y de quien se instruía, pues nunca dejó de ser un
producto y un testimonio de la cultura nacional. En 1874, Don José Milla
regresó a Quesada, pues era un lugar con una privacidad envidiable para poder
escribir, en vista que éste seguía siendo su denuedo, y una fuente de ingresos
segura. ".
Antes del fallecimiento de don Pepe Milla, como lo
llamaban los habitantes de la hacienda de Quesada, ellos habían tratado con él
la compraventa del Inmueble, pero debido al óbito las diligencias del contrato
las realizó su esposa y demás herederos, interviniendo en gran parte para que
esta fuera destinada única y exclusivamente a los colonos.
“El verdadero
chapín ama a su patria ardientemente, entendiendo con frecuencia por patria la
capital donde ha nacido; y está tan adherido a ella, como la tortuga al
carapacho que la cubre. Para él, Guatemala es mejor que París; no cambiaría el
chocolate, por el té ni por el café (en lo cual tal vez tiene razón). Le gustan
más los tamales que el vol-au-vent, y prefiere un plato de pipián al más
suculento roastbeef. Va siempre a los toros por diciembre, monta a caballo
desde mediados de agosto hasta el fin del mes; se extasía viendo arder
castillos de pólvora; cree que los pañetes de Quezaltenango y los brichos de
Totonicapán pueden competir con los mejores paños franceses y con los galones
españoles; y en cuanto a música, no cambiaría los sonecitos de Pascua por todas
las óperas de Verdi. Habla un castellano antiquísimo: vos, mirás, tené, andá; y
su conversación está salpicada de provincialismos, algunos de ellos tan
expresivos como pintorescos…” (tomado de Cuadros de costumbres.)