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miércoles, enero 12, 2011

Tradiciones Dicembrinas Parte Final: Los Nacimientos

HISTORIA

El estadounidense John L. Stephens, en su obra Incidentes de Viaje por Centroamérica, Chiapas y Yucatán, describe que a inicios del siglo XIX “cada casa en Guatemala tiene su nacimiento con la riqueza y gusto del propietario... la imagen del Salvador es adornada con las joyas de la familia, perlas y piedras preciosas, y por la noche, todas las casas están abiertas (...)”.

A estos relatos se unen las descripciones de José Milla y Vidaurre, en Cuadros de Costumbres, y del escritor Ramón A. Salazar, en su obra Tiempo Viejo (1896). Ambos coinciden en resaltar los enormes nacimientos, la decoración con manzanilla, pashte, musgo y hojas de pacaya, así como la preparación de tamales y ponche.

El historiador Luis Luján Muñoz, en su libro Tradiciones Navideñas de Guatemala, consignó tres elementos fundamentales que distinguen a la Navidad guatemalteca: la flor de Pascua, el pavo americano y el cacao. También destaca como algo muy guatemalteco el uso de cuetillos para alegrar las fiestas.

A fines del siglo XIX, sobre todo en la Segunda Guerra Mundial, surge otro elemento que vendría a formar parte de las costumbres dicembrinas: el Árbol de Navidad, el cual se acentúa, sobre todo con el ingreso de misioneros protestantes.

Clases de Nacimientos

Los siguientes apuntes constituyen una modesta introducción al conocimiento de uno de los más interesantes aspectos de la cultura navideña guatemalteca como son los nacimientos, tradición introducida en el Nuevo Mundo por los españoles en el Siglo XVI, y enriquecida por las reinterpretaciones regionales, que constituyen la nota característica de los nacimientos en general. Su presencia la encontramos en diferentes regiones de Europa, especialmente en Italia, sur de Alemania y Francia, España, Portugal y en Latinoamérica, en donde se les llama: nacimientos, belenes, pesebres, según el área sociogeográfica.

Nacimiento Popular

Sus características son: representación no realista, particularmente no observa proporciones; escenografía de inspiración regional o local; a excepción de las imágenes que integran el misterio litúrgico, sus personajes y las escenas son representación de la vida cotidiana, particularmente no urbana; uso de ornamentos locales como por ejemplo: productos de artesanía popular artística de Nochebuena y plantas regionales o frutas decorativas de la región: aserrín de colores, hoja de pacaya, pata de gallo, musgo, pashte, manzanilla, mandarina, melones, piñuelas, cacao, cidra, chichitas, y otras. El cielo se representa con nubes de tarlatana y papel de china de colores, profusión de bombas que cuelgan de bricho y litografías de querubines y ángeles que asoman entre las nubes. Su criterio es histórico. Como ejemplos podemos mencionar los viejos barrios de La Parroquia; La Candelaria; La Ermita; La Recolección; y nuevos barrios populares de la periferia de la urbe.


Nacimientos artísticos de inspiración bíblica

La representación es realista; observancia de principios de arte académico; su escenografía y representación de personajes son de inspiración bíblica con uso de figuras de imaginería no popular, particularmente uso de pastores importados de Europa o de fabricación industrial de modelos extranjeros; ausencia de ornamentos del nacimiento popular y su criterio es histórico. Es posible admirarlos en casas de los barrios de Santa Catalina, La Recolección y nuevos como el Barrio Moderno.

Nacimientos artísticos de inspiración regional

Posee criterio histórico, su representación es realista, observa principios de arte académico; su escenografía y representación de personajes son de inspiración local rural, a excepción de la representación del Misterio. Usan pastores fabricados por artistas populares a encargo especial de los autores del nacimiento de acuerdo con las escenas identificables que van a reproducir y hay una relativa ausencia de ornamentos del nacimiento popular.


El tamaño del nacimiento popular -aunque en el primer tercio del siglo XX ocupaba espacios considerables-, en la actualidad ocupa un área de tres por dos metros cuadrados aproximadamente, y así se considera monumental. Generalmente se construyen de menores proporciones, de acuerdo con los límites de espacio, particularmente las familias de escasos recursos construyen nacimientos muy reducidos, generalmente sobre una pequeña mesa de sesenta por cuarenta centímetros cuadrados aproximadamente. Se elaboran sobre cajones y mesas o tarimas que permitan clavar objetos. Generalmente se da a la estructura una altura aproximada de sesenta por ochenta centímetros. No obstante, en algunos casos se construye a la altura del piso. Con papel grueso y/o embreyados (lona encolada), corrugados y cubiertos de musgo, aserrín de colores, plantas y flores naturales y artificiales se forma la topografía de paisajes que será el escenario de escenas de la vida cotidiana rural haciendo uso de la producción del arte y artesanía tradicional navideña: pastores de barro, tela y algodón, madera, etc.

Como fondo se colocan los excepcionales paisajes que reproducen escenas del campo local y algunas veces reproducen también de los lugares y personajes litúrgicos. Es frecuente la aparición de los Reyes Magos junto a las pirámides de Egipto. Generalmente la producción de los artistas populares está inspirada en paisajes regionales. Se observan rosarios de manzanilla, mandarinas, naranjas, melocotón, cacao y piñuelas. También otras frutas: limas, cidras, viscoyoles, chichitas, y además plantas ornamentales: hoja de pacaya, pata de gallo, ramas de pino y ciprés. Todas estas frutas y plantas dan al nacimiento un agradable olor que resulta una relevante característica del mismo.
El segundo tipo de nacimiento que hemos mencionado se aparta del tradicional popular, ya que no representa la adoración de los pastores de la región ante la representación del misterio de la Navidad. Se trata en este caso de representar el hecho histórico del advenimiento del Mesías, y por eso la escenografía y el conjunto de figuras se rige por la temática bíblica. De acuerdo con esta última, se incluye en la escena no solo el misterio del Nacimiento, sino también el misterio de la Anunciación. Y como una nota anacrónica se hace aparecer en la escena del nacimiento la figura de San Francisco de Asís, a quien se le reconoce como iniciador de la tradición del nacimiento.
En el tercer tipo encontramos una proyección consciente del paisaje rural visto por personas citadinas, que generalmente se sienten apegadas a determinadas regiones las cuales reproducen. En algunos casos se identifica la hacienda o finca, sus trabajadores, la casa de los propietarios, el pueblo cercano con sus características geográficas, mostrando al mismo tiempo escenas de la vida cotidiana de sus moradores.

Nos encontramos entonces ante obras de gran tamaño que hacen gala de la calidad de los pastores especialmente encargados a connotados artistas populares. Particularmente las figuras del Misterio son valiosas obras escultóricas de imaginería colonial, herencia familiar.


Artesanías Navideñas Guatemaltecas

Gallitos, patas de gallo, chichitas, pino, pinabetes, manzanilla, musgo verde y gris (pashte), flores de pascua, son los productos naturales de la estación de fin de año, provenientes de distintas regiones del país, que adornan los hogares guatemaltecos con su peculiar mezcla de aromas durante estas fiestas en el país.

Los nacimientos que simulan el Belén de aquella época cuando nace el Niño Jesús integran diversos aspectos relacionados con la naturaleza característica de las tierras frías del altiplano guatemalteco. A los diferentes mercados nacionales son llevados los productos que germinan permanentemente en el interior del país para las ventas navideñas tradicionales que están listas a partir de diciembre.

De Sololá son trasladados el pinabete, el musgo verde, el pashte, la pata de gallo. De Quetzaltenango, Cobán y Alta Verapaz, los gallitos. De la zona central como Tecpán, Chimaltenango y Santa María de Jesús, Sacatepéquez, el pino, el musgo verde y la manzanilla; las chichitas amarillas de Palencia, Guatemala; y las pascuas de Sacatepéquez y Guatemala, que tienen clima templado.


Desde la época prehispánica

Según el investigador e historiador Haroldo Rodas, todos los productos típicos de la temporada navideña, ya se conocían desde la época prehispánica y algunos eran utilizados por los indígenas en sus imperios. El pino ya se usaba como alfombra para que pasaran por ella los caciques de antaño. La pascua, una flor nativa del área Mesoamericana fue conocida como la “flor de Nochebuena”, durante la Colonia, porque los conquistadores se dieron cuenta que germinaba en la temporada de fin de año y casualmente presenta los colores litúrgicos rojo y verde.

Guatemala exporta la pascua hacia EE.UU y Europa, donde han creado híbridos de colores blanco y azul. “Esta pascua originaria de México y Guatemala es reconocida como un ícono de la Navidad a nivel mundial. Debemos sentirnos sumamente orgullosos”, expresa Rodas.

Las ventas con sus coloridos y aromáticos productos, se instalan en los campos del Roosevelt de la ciudad capital, desde el 28 de noviembre. Sin embargo los preparativos para las ventas comienzan en agosto de cada año. En esos días los proveedores llevan al lugar sus productos y los vendedores empiezan a elaborar los distintos artículos típicos de la época.

Forman parte también, y no pueden faltar en la elaboración y venta de la mercadería tradicional de la época los árboles de pinabete, las coronas de hoja de macadamia, las cuales son secadas y teñidas con añelina de colores rojo y verde, y pintadas de dorado o plateado, luego son amarradas con hilo en una estructura en forma cilíndrica diseñada con ramas blandas de pino. Otros productos en cambio ya vienen elaborados como los chivitos de tuza, provenientes de San Juan Comalapa, los gusanos de pino y cordones de manzanilla.


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Tradiciones Dicembrinas III Parte: Las Posadas

Imágenes y folklore, piezas fundamentales en una posada.
Ocurre en la celebración navideña guatemalteca una fusión de varios aspectos culturales, donde hay aporte de la herencia árabe occidental, las ceremonias mayas y el legado de la cultura afrodescendiente. Celso Lara califica la Nochebuena guatemalteca como una de las más hermosas de América Latina que hoy lucha fervorosamente por no ser absorbida por las grandes corrientes de la uniformización cultural.

El pueblo de Guatemala y de la Nueva Guatemala de la Asunción en especial, canta durante todo el mes de diciembre. El gran ciclo de fiestas se abre el día siete con la quema del Diablo, una ceremonia por medio de la cual se purifican las fiestas que se aproximan: las de la Virgen de Concepción (6-10 de Diciembre), las de la Virgen de Guadalupe (12-13 de diciembre) y las fiestas de Nochebuena (16-24).

Las fiestas de Nochebuena incluyen las tradicionales posadas que inician el 16 de diciembre. Durante nueve días un despliegue de pequeñas andas con las imágenes de José y María, decoradas a gusto de la comunidad, por lo regular con ranchitos de paja, cordones de manzanilla, musgo, pashte, flores de pascua, chichitas y velas, recorren las calles de los barrios viejos de las urbes y los campos de Guatemala en honor al peregrinaje de la Santa Pareja por Belén y por los nueve meses de gestación de la Virgen María.


Una tradición que es deleite principalmente para los niños, quienes con farolitos hechos de madera y papel celofán de colores, iluminan la romería con la tenue luz de una candela. Se cantan viejas canciones cuyas raíces se hunden en la historia del arte popular occidental. Los cánticos son acompañados por instrumentos netamente autóctonos: pitos de barro, chinchines hechos de morros y un caparazón grande de tortuga, que al ser golpeado en el peto con una baqueta de madera, aporta una melodía sonora e inigualable con la que se distingue esta celebración. El escuchar el tucutú – cutu, tucutú –cutu en la calle, es señal de una alegre posada al paso.


Rito de las posadas:

La creatividad de las andas es bella.
Previo al 16 de diciembre se elabora la pequeña anda, ya sea en la Iglesia de la comunidad o en casa del cofrade en los pueblos. Se buscan ocho viviendas entre los pobladores, las que recibirán la posada. Luego de la bendición del anda parten de la Iglesia o casa hacia el primer hogar que recibirá a los Santos Señores. El anda es cargada por los niños quienes se turnan entre sí. Van por las calles coreando cánticos al son de la tortuga y chinchines. Al llegar a la casa que ofrecerá la posada tocan la puerta y entonan el tradicional canto: “En el nombre del cielo, os pido posada, pues no puede andar mi esposa amada…” y las personas que están dentro de la vivienda responden con otra copla, y así hasta culminar la canción con la conocida estrofa “entren santos peregrinos, peregrinos, reciban este rincón, aunque es pobre la morada, la morada, os la doy de corazón”… suenan cuetillos en la acera al ingresar el anda y todas las personas a la casa donde todos juntos leen un pasaje de la Biblia, se reza y se entonan más cantos navideños.


Al concluir el rezo, la familia que recibe posada ofrece un refrigerio a las personas, esto va desde chuchitos, tamalitos de cambray,  tamalitos torteados, tamales negros o colorados, paches, tostadas, o bien, churros o chiqueadores, todo acompañado de bebidas calientes como el ponche de frutas, el chocolate o el café con canela. Al día siguiente, siempre por la noche, llegan por el anda para llevarla a otra casa. Y así durante ocho días. El noveno día, o sea el 24 de diciembre, la posada regresa al lugar donde partió por primera vez, allí es ofrecida una ceremonia. En la Iglesia católica es la tradicional Misa de Gallo.
HISTORIA

La tradición, tanto de las posadas como los nacimientos o belenes, se le atribuye al Santo Hermano Pedro de San José de Betancourt, pues fue el pionero, dado su entusiasmo y amor a la Virgen y a Cristo, de inculcar en los pobladores de aquella época la costumbre de celebrar la Navidad con fervor.

En las crónicas de Fray Francisco Vásquez nos relata que Fray José de Moreira encomendó al Santo Hermano Pedro la procesión de Nochebuena, aproximadamente por el 1663. Cuenta Vásquez que desde que entraba el Adviento, el Hermano Pedro, disponiendo su alma para la venida de Dios en carne humana, colocaba en su morral la imagen de un pequeñito niño Jesús envuelto en pañalitos muy limpios que él mismo cosía y formaba de retazos de cambray y tela. Explica que para el Hermano Pedro, la Navidad era motivo de gozo y regocijo.

En la víspera de Navidad organizaba una procesión en vivo con personajes y séquito de pastores y hacía un recorrido que salía del Hospital de Belén, pasaba por la Merced y San Francisco. En ella iban los hermanos terceros y mucha gente con velas en las manos, rezando el rosario con mucha devoción. Cuentan que tal era el gozo del Santo, que él encabezaba la procesión e iba haciendo cabriolas para mostrar su gran alegría por el nacimiento de Jesús.

En la Misa de Gallo se cantaba el rosario y pequeñas coplas compuestas por el Hermano Pedro. Dicen que terminada la misa, el santo se dirigía a pie a Ciudad Vieja, para felicitar a la Virgen de la Concepción por el nacimiento del niño Jesús.

En la pintura: Santo Hermano Pedro y Posada en Antigua Guatemala
 

sábado, octubre 30, 2010

Tradiciones Novembrinas en Guatemala I Parte

Estamos a las puertas de celebrar un año más las exquisitas tradiciones de Noviembre. Como buenas ovejas de rebaño muchos seguimos estas costumbres sin tomarnos el tiempo para conocerlas, entenderlas, apreciarlas y valorarlas, y con ello preservarlas en la memoria, principalmente en la de los niños quienes serán portavoces de nuestras costumbres en lontananza.

Dejo esta interesante investigación que Don Celso Lara Figueroa expusiera en la Universidad de San Carlos de Guatemala, al respecto del simbolismo y significado del Día de Todos los Santos y el de los Muertos. En la cual señala que el significado antropológico del Día de las Ánimas (los Santos) y de los Difuntos va más allá del mundo cristiano. Dentro de este contexto, debe entenderse que el Día de los Santos (1/NV) y el día de los Fieles Difuntos (2/NV) ocupan el campo de la religiosidad popular del país.


El Alma

Las definiciones dogmáticas se ocupan casi siempre de la relación entre "alma" y "espíritu". Cierto es que el hombre tiene una sola alma, el "ánima intelectual" que es inmortal y es "forma corporis". El alma es creada por Dios y no tiene existencia precorporal. Constituye el principio vital del hombre. El alma regresa a Dios cuando la persona muere.

En el idioma corriente las palabras "alma" y "ánima" son sinónimas. La palabra "alma" abarca todos estos conceptos, mientras que la palabra "ánima" se refiere más bien al espíritu de los difuntos, que suben al purgatorio o al cielo. La despedida del alma, en la noche del último velorio, es un rito importante, asegura el paso tranquilo del alma hacia el mundo del más allá. Según la doctrina oficial, las almas “de los buenos” (éticos) van al cielo y las almas “de los malos” (émicos), al infierno. Las almas “en pena” van al purgatorio. El pueblo cree que las ánimas del purgatorio salen a rezar de noche para pagar sus penas y para anunciar la muerte de un pariente.

Los vivos pueden ayudar a las ánimas en pena con obras pías, rezos, limosnas, sacrificios e indulgencias. Todavía la iglesia católica enseña que ciertos actos religiosos, tales como peregrinaciones a ciertos lugares o la asistencia a celebraciones especiales, resultan en una "indulgencia plenaria" para las ánimas del purgatorio.

Ya en la primitiva iglesia, los cristianos romanos solían orar por los difuntos. Tanto los vivos como los muertos pertenecen a la “comunidad de los santos” o sea, todos los que creen en Jesucristo forman una comunidad. Así los vivos y los muertos pueden ayudarse mutuamente. Eso explica por qué los fieles no sólo rezan para sus deudos sino también a las ánimas del purgatorio. Por cierto, la liturgia oficial no tiene oraciones a las ánimas ni tampoco fomenta el culto para ellas; sin embargo, no está prohibido rezar a las ánimas. Algunos teólogos, con mucho cuidado, afirman que si es posible que las ánimas del purgatorio puedan ayudar a los vivos, especialmente a sus parientes. Dicen que Dios quiere a las almas en pena y, por amor, Dios les concede favores. El pueblo cree que las almas pueden asistir a los vivos y así ganarse méritos. Hay que distinguir entre oraciones en favor de las ánimas y dirigidas a ellas. He aquí un fragmento de la misma:
"Oh mis Trece Animas Benditas, a Uds. Mis trece Animas Benditas, sabias y entendidas, a Uds. Agradecida".

El Ánima y Espíritu

En la terminología popular se usan las palabras "alma" y "ánima" para referirse a los "muertos". En la definición popular la palabra "espíritu" significa un ser sobrenatural que se puede manifestar a través de un médium en trance o aparece a los vivos en sueños o visiones, para ayudarlos o perjudicarlos. Estos espíritus pueden ser espíritus de la naturaleza, seres sobrenaturales que guardan la flora y fauna, espíritus de personajes difuntos, divinidades de la teogonía de algunos grupos étnicos en África Occidental, divinidades de la mitología indígena maya, espíritus burlones de origen diverso.

Pero es cierto que muchas "ánimas" veneradas por el pueblo guatemalteco bajo forma de "santo popular" o "muerto milagroso" son invocadas también por espiritistas y se manifiestan como "espíritus" en los médiums. Los mismos espiritistas afirman que reciben "ánimas" que trabajan a través de ellos, como por ejemplo las "ánimas" de médicos muertos que llevan a cabo ritos curativos. Pero luego usan la palabra "espíritu" también. Es cierto que la distinción entre "ánimas de los difuntos" y “espíritus de la naturaleza”, que moran en selvas o ríos es más fácil. El culto para un "muerto milagroso" nace cuando hace caso de las súplicas y los fieles pagan las promesas al cumplirse el favor. Luego aparecen placas votivas en las tumbas o se construyen capillas, así nace un lugar de devoción y se puede hablar de un “culto para un santo popular”.

El culto a los Santos

En la mayoría de las religiones principales encontramos divinidades menores, que sirven como intermediarios entre el ser supremo y los hombres y a los cuales los humanos acuden con mayor frecuencia en pos de ayuda. En el concepto cristiano-católico, estas "divinidades" son los "santos". Estos eran hombres y mujeres que en vida se destacaron por sus virtudes y con una vida ejemplar. Todas las iglesias son consagradas a un determinado santo, cuyas reliquias se encuentran en los altares. Los fieles veneran las imágenes o estatuas de santos considerados milagrosos. En algunos casos, los santos eran pecadores, quienes se arrepintieron de sus maldades, sirviendo así como ejemplo a los hombres, que son pecadores también. Por cierto, estas creencias no son compartidas por la Iglesia, forman parte del acervo popular. Las plegarias dirigidas a los santos, sin embargo, forman parte de la liturgia oficial. A menudo lo santos tienen funciones específicas: San Blas cura las enfermedades de la garganta, Santa Bárbara protege contra los rayos, San Ramón calla a los enemigos, etc. Ciertos santos son invocados con ritos exorcistas. Es el aspecto utilitario del culto a los santos.

Muchos objetos sagrados están asociados al culto: emblemas, imágenes, estatuas, reliquias. Jaculatorias: “Milagrosísimo San Judas, ruega por nosotros.” La devoción al Espíritu Santo se puede expresar en uno de los fragmentos de la oración:
“Espíritu Santo, Tú que me aclaras todo, que iluminas todos los caminos, para que yo alcance mi ideal. Gracias por los favores recibidos”.

Según la Doctrina católica, un santo tiene que ser "canonizado" o declarado "santo" solemnemente por el Papa. A la canonización anteceden diferentes pasos. El tribunal del Vaticano, la Santa Rota es responsable. El primer título que otorga la Santa Rota es "Siervo de Dios", luego la persona muerta con fama de santo obtiene el título "Venerable". Para comprobar un milagro las exigencias son aún más rigurosas.

Durante la Edad Media la canonización era más fácil. Se crearon muchos santos porque la iglesia aceptaba los testimonios de la religiosidad popular sin reservas, considerando aquello de "vox populi vox Dei". Muchos santos fueron venerados también sin ser canonizados, tales como San Juan de Mato o San Félix de Valois. Otro Promotor de Fe, que precedió al Papa Benedicto XIV fue el Padre Jean de Launoy (1603-78), el "dénicheur de saint" porque en los procesos votó a menudo contra la canonización de un "santo popular".

Finalmente, el estudio del nacimiento de la devoción a un "ánima" sirve como ejemplo del nacimiento de muchos santos de la Edad Media.
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